miércoles, 6 de junio de 2012

01

No recuerdo cuando fue la ultima vez que escribí para mi. Hace mucho tiempo que dejé de hacerlo, para someterme a la tarea de escribir para alguien, y someterme a situaciones mas complejas, escribiendo sin saber para quien. Pero nunca mas lo hice para mi. Escribir para darme gusto, con la firme intención de que al terminar de hacerlo,la satisfacción de realizar algo en complicidad individual fuese inevitable.

No se cuando me perdí a mi mismo, aunque ahora es obvio que lo hice y no fue hace poco. Me abandoné para dar paso a los demas dentro de mi persona, como una cuña social que se introdujo hasta partirme en dos, esos dos que hoy en día se encuentran en conflicto constante. Me hago la guerra, y destruyo mis ideas antes que salgan de mi cabeza, en una forma original de suicidio mental.

Se que siempre he sido frágil, mis padres aseguran que incluso en mi remota infancia ya solía llorar como por costumbre cuando se iba el sol. Siempre he temido a la oscuridad, aunque eso nunca me ha impedido moverme en ella como si nada sintiera. Los mounstros debajo de la cama, los duendes detras de las puertas, los ojos ocasionales en la ventana, esas y otras cosas me acompañaron toda la infancia e incluso cuando ya era bastante mayor.

 ¡Pero que va! Si aun los sigo viendo a veces, pero eso nunca me impidió levantarme para ir al baño o quitarme la sed con un vaso de agua. Caminé miles de kilometros con el miedo sobre mis hombros, siempre consternado por la imposibilidad de sacar esas fantasias de mi mente, que con larga tortura me amenazaban tras cada puerta y cajón, e incluso cuando escondía mi rostro bajo la sabana, sentía su mirada aguda sobre mi disminuido ser.

Dicen que la mejor forma de superar los miedos es enfrentarlos, que la oscuridad se combate con luz y razón, bla bla bla. Yo siempre los he enfrentado y no por ello han salido de mi cabeza, en su defecto aprendí a sentirlos menos, incluso llegar a ignorarlos sin que desaparecieran en momento alguno. Crecí alegando razonamientos, memorizando informacion mientras mi propia imaginación me aplastaba constantemente.

Recuerdo los golpes de la infancia, los abusos de Villareal cuando inicié la primaria. Mi fragilidad siempre evidente, aunada a una naturaleza que intentaba apelar a la razón en lugar de usar la fuerza, que aparentemente no me favorecía. Jamás superé los odios que me inyectó, hoy en día sigo viendo en cualquier obeso el rostro burlesco de Villareal, riendose de mi cobardía.

Yo prefería el amor, siempre fue mi primera opción. Me gustaba mas el jugueteo malicioso con Kimberly a los seis que los juegos violentos con mis compañeros. Besos y fingidos juegos de amor, ella hija de una prostituta en regenación fuera de su país y yo ciego de mis raices...


No hay comentarios:

Publicar un comentario